La importancia de entender la tendencia en psicología (II).

En el post anterior hablé sobre la tendencia en psicología, que podría resumir como la inercia que lleva la conducta a repetirse una y otra vez, antes de poder ser modificada de una forma estable. Y a la par hablé de la importancia que tiene entenderla, para poder así romperla. Terminando con la promesa de, en este post, centrarme en los estados anímicos y en porqué “tengo una buena racha”, o “todo nos sale mal siempre”.

Bien querido lector, el estado anímico, cuando se mantiene en el tiempo, está íntimamente relacionado con el buen (o mal) hacer, y en consecuencia con tener buenas o malas rachas. Empezaré con un ejemplo:

Recuerdo, en las clases de mecánica naval, como un alumno aparentemente torpe no daba una, y por más que lo intentaba no conseguía avanzar, para mi asombro un día realizó un problema complejo en un tiempo record, tras corregirlo el profesor le espetó: “¡Qué ha pasado, has hecho uno bien!”, el compañero le respondió: “desde hace unas noches comencé desde cero, seguí todos los pasos que venían en los apuntes, hago los ejemplos, y anoche de repente, me parecía todo fácil…”, y nuevamente de este entrañable maestro que se adentraba en los setenta años nos dijo: “este y no otro es el secreto de la vida, cuando tomas las riendas y decides hacer las cosas bien, todo te acaba saliendo bien, si por el contrario solo te empeñas en hacer las cosas mal… todo te acabará saliendo mal”. Extendiendo el ejemplo a otras situaciones cotidianas.

Y por sencillas que parecen las palabras ahí puestas, no deja de ser más real el sentido que entrañan. Cuando empezamos a hacer las cosas bien, una tras otra, tenemos la sensación, la percepción, vemos que somos útiles, que podemos lograr pequeños objetivos que nos preparan para retos de mayor envergadura, ganamos en confianza, nos atrevemos a dar pasos donde antes no los dábamos, nos sentimos contentos y alegres, y eso es contagioso, los que nos rodean lo perciben y quieren ser partícipe de ello, con lo cual formamos una espiral ascendente, en la que pensamos que “tenemos una buena racha”.

Por el contrario, cuando las cosas empezamos a hacerlas mal, se nos acumulan, no terminamos de rematar ninguna de ellas, esto nos genera estrés, ansiedad, que a su vez repercute en tener una peor ejecución en nuestras acciones, comenzamos a tener una evaluación negativa de nosotros mismos, y de ser suspicaces con lo que otros nos dicen, adoptamos una posición defensiva, comenzamos a estar más tristes o apáticos, los que nos rodean lo perciben, y si no consiguen un cambio en nosotros, lentamente se van separando. Caemos en una espiral destructiva, donde “todo nos sale mal”, parece que el mundo se conjura para ir contra nosotros.

No hay que olvidar que acaban generalizándose en nuestra vida, es decir, (el ejemplo podría ser bidireccional), nos va mal en el trabajo, llegamos con mala cara a casa, esto hace crear situación no deseada con la pareja, los niños/amigos etc. nos perciben el malestar, perdemos el tiempo/gastamos energía en pensar en cosas negativas, el problema del trabajo, o la pelea en casa la noche anterior, ese tiempo no lo empleamos en cuidarnos, sonreír, en centrarnos y hacer bien en lo que estamos, etc. Si vas a ver a la familia acabas con una posición defensiva… Y resulta que de un simple problema laboral, al que se le podía haber dado la importancia justa, la pelota fue creciendo, ganando tendencia (negativa en este caso), hasta que termina salpicando a todos los niveles de tu vida, social, familiar, laboral… haciendo más difícil cada vez salir de esta.

Estas dos tendencias pueden mantenerse en el tiempo, pueden invertirse y se puede intervenir sobre ella, (en muchos casos, la terapia psicológica parte por actuar sobre ellas de una forma profesional y adecuada a cada caso).  De tal forma que llegado el momento de enfrentarnos a una etapa negativa, debemos entenderla como tal, y saber actuar para combatirla cuanto antes para poder invertirla y convertirla en la buena racha que todos deseamos, y por la cual trabajar para mantenerla en el tiempo.

Y con todo esto, querido lector, solo espero que entienda la tendencia en nuestro comportamiento, que hace que pensemos en ocasiones que las buenas o malas rachas no dependen de nosotros, y no es así. Tenemos el control de nuestras vidas, y debemos de querernos lo suficiente como para trabajar por mantenernos en la buena racha el máximo tiempo posible, tú mismo y cuantos te rodeen, te lo agradecerán.

Versión para descargar en .pdf La importancia de entender la tendencia en psicología (II)

 

Un cordial saludo a todos.

   Salvador Carrasco Artiaga

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