Educando a los niños en el contexto familiar.

Los niños son el mayor valor de futuro que tenemos, y como tal hemos de estar atentos a su educación como prioridad en el núcleo familiar para poder hacer de ellos unos hombres (y mujeres) de provecho en el futuro, personas con valores y principios capaces de desenvolverse con plena autonomía llevando al ser humano cada vez un poco más allá en la evolución, haciendo un mundo mejor y superando a sus progenitores. A través de la investigación en psicología hemos comprobado qué cosas funcionan a la hora de interactuar con ellos en pos de su educación, y aunque a priori pueda parecer esta difícil, la realidad es que siguiendo unas sencillas pautas, su educación está garantizada.

Índice:

1. Introducción.
2. Creando el vínculo.
3. Premisas clave.
4. Ilustración de las premisas.
5. Conclusión.

1. Introducción.

Pese a que he puesto que a priori puede parecer difícil, y que la realidad es que es muy sencillo, esto no es más que una trampa, ya que no solo dependemos de ellos para su educación, que sería la parte fácil, sino que también depende de nosotros mismos, que es la parte difícil. Reeducar a un niño no es más que reeducar a sus padres o cuidadores, y esta a veces se convierte en una tarea tediosa, a nadie le gusta escuchar lo que hace mal con respecto a sus hijos, y aunque sean conscientes de lo que hacen mal, es algo que no es grato escuchar y enfrentarse a ello, en ocasiones por vergüenza, en ocasiones por que tendrían que salir de su zona de confort (…)

2. Creando el vínculo.

Empecemos por lo más sencillo, ¿Qué necesita un niño para que cree un vínculo con nosotros?

  • Amor o afecto.
  • Protección.
  • Alimento.

Si usted es un familiar directo, probablemente lo tenga sin haberse dado cuenta, en caso de ser un profesional que necesite crear el vínculo con el infante, son los primeros pasos que debiera seguir. Reflexione, es increíble que hasta niños que sufren déficits en esos puntos básicos, con que de vez en cuando reciban un poco de esos puntos, crean afecto con sus progenitores/cuidadores, pues estamos prefabricados para ello. Es lo mínimo que podemos/debemos hacer por ellos, tomémoslo en serio.

3. Premisas clave.

Una vez que el niño ha creado vínculo con nosotros es el momento de proceder con la educación, y para esto tenemos que tener claro los siguientes puntos

  • Un niño aprende a base de constancia y repetición de las acciones.
  • Un niño no concibe el mundo como un adulto, les solemos proporcionar una inteligencia de la que aún carecen.
  • Prácticamente en los primeros años de su vida lo que hacen es repetir todo cuanto ven. A veces una repetición brillante la confundimos con inteligencia.
  • Lo que hagamos en el hogar, ellos lo repetirán.
  • Seamos coherentes con lo que decimos y hacemos.
  • Las excepciones no han de tomarse como norma, y los niños hasta avanzada edad, no entienden de excepciones como tal, la usan como pretexto para conseguir un fin.
  • No delegar la educación más de lo debido en terceras personas.
  • No desesperar cuando el niño no logra su objetivo, deja que coquetee con el ensayo-error, no le demos tan fácilmente la respuesta.
  • No olvide nunca una buena dieta, respete sus horarios de sueño y juegue con el, déjele volar su imaginación.

4. Ilustración de las premisas.

Grábese esas premisas a fuego, y entienda lo que quiero decir con ellas. El ser humano es un mamífero que en comparativa con otros nacemos en desventaja, poco desarrollados, y tardamos en madurar mucho tiempo, si bien esto puede parecer una desventaja, y lo es a corto plazo por la necesidad de protección, cuidado y los recursos que en ello han de emplear los adultos durante muchos años; es una ventaja a medio y largo plazo, ya que somos capaces de repetir cuanto vemos en nuestro entorno y adaptarnos a él a la perfección, por eso nuestra especie puede vivir sin ningún problema desde los polos, y su frio extremo, hasta los desiertos con su calor extremo, pasando por cuantos entornos imaginemos.

Es en este punto donde podemos afinar nuestra conducta, y recuerde porque no me voy a cansar de ponerlo a lo largo del post, los niños son máquinas de repetir lo que ven, es decir, si ven que en su casa se dan abrazos, en el futuro dará abrazos, si ve que en su casa se grita para conseguir cosas, gritará, si en su casa hay orden, tendrá orden, y si en su casa lo habitual es beber todos los días cervezas… ¿qué le hace pensar que no lo tomará como norma y acabará bebiendo cerveza de forma asidua?, cambie la cadencia de la ingesta de cerveza por el deporte, ¿qué cree que interiorizará como normal y sea más probable que haga de adulto?. Repetirá lo que vea, así que por favor, predique con el ejemplo, sea constante en las buenas costumbres, y si desea hacer una excepción, no la haga delante del niño.

Aunque puede parecer que abogo por un sistema rígido en la educación de los niños, esto no es verdad, o al menos no totalmente, ya que solo en la base, en el trasfondo, en lo cotidiano deseo hacerle entender que los niños necesitan una rutina que le lleve a crear hábitos saludables, si desde pequeños les enseñamos a tener una rutina básica, con orden, esta la interiorizará. Pero en toda esta rigidez no nos debemos de olvidar que son niños, necesitan jugar, desfogarse, inventar, explorar (…), y tenemos que dedicarle el tiempo y recursos necesarios para ello. Dedíquele tiempo a que dibuje, a que imagine, léale cuentos, déjele libre por el parque, y en todo esto no sea intrusivo, permítale que se equivoque, que dibuje rarezas, que se caiga, que explore, y no esté constantemente encima de él al mínimo error, si no hay un peligro manifiesto, (y con esto no me refiero a que se caiga al suelo sin más peligro que mancharse un pantalón o hacerse un arañón), déjelo libre.

Sea coherente con lo que hace, es decir, no le pida a gritos a un niño que se calle o deje de chillar, si consigue que se calle, el niño aprenderá que gritando a conseguido usted cosas por lo tanto el podrá conseguir cosas gritando, sino consigue que se calle, solo habrá creado usted más crispación, habrá quedado al nivel del niño, y este entenderá que es un método de comunicación valido, en definitiva, usted habrá caído en una trampa gracias a su incoherencia. Esto aplíquelo con todo lo que diga, verá como el infante creerá en usted, ya que será persona de palabra, lo que dice, lo cumple.

A la hora de corregir la conducta el castigo es muy efectivo en niños, y tenga en cuenta que a menor edad más conductual (condicionamiento clásico) ha de ser su actitud con él, pues más rápidamente aprenderán. Evite en todo caso el castigo físico. Tenga en cuenta que ha de ser flexible. En un primer momento ignore la conducta que desea extinguir, para darle cuartelillo, pase a avisar que la conducta que tiene no es la más adecuada e indíquele cual es la que deseas que haga en su lugar, si persiste dígale claramente que ya le has avisado una vez, que le va a avisar dos veces más, y a la tercera llegará el castigo, coméntele claramente las consecuencias de sus actos si mantiene su actitud negativa y por contra también las consecuencias de lo que gana si corrige su actitud, al tercer intento sea implacable, aplique el castigo y no caiga en la tentación de retirarlo, ha de saber que es una persona de palabra y firme en ella. Recuerde ser consecuente y coherente con el castigo, que este sea mesurado y proporcionado, y a ser posible, que el niño solo pierda algo en su imaginación, ilustro esto con un ejemplo: Si son las 20:30 y el niño decide no comer, se le explica lo que conlleva su actitud, que crea una mala situación en la casa, que no tiene alimento para ponerse grande y fuerte, que os ponéis tristes, que va a perder el postre, y que va a ir a la cama automáticamente, mientras que si se lo come, tendrá su postre, irá a la cama con un cuento y no perderá nada, todos ganaréis y seréis más felices, llegado el giro, y el castigo, en el segundo aviso coméntele que estará castigado ese día sin tele (a la hora que es ya no le correspondería tele, entonces realmente no le quitamos nada, pero en su imaginación habrá perdido algo al que él le da valor).

Tenga en cuenta que si hasta este día usted no lo había hecho de esta forma, e intenta aplicar el sistema, el niño pondrá resistencia al principio, e intentará compensar el no perder «sus antiguos derechos» con llantinas, gritos, arrebatos de ira… sea firme y esto se extinguirá, verá como a corto plazo todo es una plácida convivencia que solo le hará bien a la familia. No obstante no baje la guardia, el niño recurrentemente intentará «echarle pulsos», pero si se mantiene una actitud firme, estos pulsos serán muy cortos y esporádicos.

¿Qué pasa cuando un niño pasa el mismo tiempo en la escuela, en casa de una abuela, del otro abuelo, en su hogar y además los padres tienen estilos educativos diferentes? Imagine, un niño que recibe muchos tipos de órdenes o normas para situaciones similares y muchas de ellas contradictorias. Al niño se le crea una amalgama de pensamientos de cómo actuar ante la misma situación sin tener determinada cual es la más correcta o deseada, recuerde que aún no entiende de excepciones (aunque si aprenden delante de quien puede o no hacer una cosa), al final cogerá la opción que más fácil sea para él o más le beneficie, y no siempre esto es lo más correcto. Si en casa de la abuela llora y grita por no comerse el plato de comida, y consigue que lo recompensen con lo que le gusta y sin ninguna otra pérdida, el niño para conseguir lo que quiere recurrirá a esta técnica en diferentes lugares, no entendiendo a veces porque funciona y porqué no, haciendo que en ocasiones incremente esa conducta no deseada al no entender porqué en un sitio le da resultado y en otro no, en su cerebro piensa «quizás no he gritado lo suficiente, lo intentaré un poco más». Procure en la medida de lo posible que el centro de educación y de donde emanen sus normas sea el núcleo familiar, y que todos sigan un norte, vayan a una, en sinergia para que el niño tenga claro lo antes posible qué es lo correcto y que no.

Conozca a su hijo, dedíquele tiempo, no crea todo lo que lea, y sea exigente, haga que su hijo busque la excelencia, no lo alague con demasiada facilidad, menos por cosas normales, o actitudes propias de lo que se espera de él, pero tampoco olvide aplaudir sus logros, y recompensar aquello que haya sido brillante, que haya sido trabajado, o que sea un hito en la vida del niño. Que nadie mejor que usted conozca a su hijo, si le dicen que no más de quince minutos delante de sus estudios por la atención plena que le puede dedicar el niño a una actividad, no crea esto a pies juntillas, experimente con el, esos datos están basados en muchas ocasiones en nuestras generaciones, en la actualidad los estímulos visuales, los juegos de las consolas etc. hacen que tengan mayor capacidad que nosotros, no nos conformemos con que sean mediocres, sin asfixiarlos busquemos lo mejor de ellos, que para ellos sea un hábito buscar la excelencia, y démosle medios y apoyo para que esto no sea un estrés excesivo para ellos, que no les genere una ansiedad desadaptativa.

5. Conclusión.

Concluyendo, una vez hayamos creado vínculo con el niño, creémosle una rutina basada en que entienda cuáles son sus obligaciones, con unos horarios de comidas, juego, estudio y sueño medianamente rígidos. Que entienda los beneficios del orden, la limpieza, la educación, el juego etc. Y no olvide nunca facilitarle los medios necesarios para que explore y de rienda suelta a su imaginación en este mundo. Sea coherente consigo mismo y con el niño, eduque desde el ejemplo, y no dude en ser firme en caso de necesitar usar el castigo como método de corrección de las conductas no deseadas. Dedíquele tiempo, saque lo mejor de él sin presionarlo, y no intente hacer de el un molde a imagen y semejanza de usted. Sea constante y disfrute de los cambios y evolución del niño, pues el tiempo… se le pasará volando.

PD. Le recomiendo leer los post anteriores para entender ciertas cosas aquí presentes en el texto, entender la tendencia (etc.), y ante cualquier duda no dude en preguntar.

Versión para descargar en .pdf Educando a los niños en el contexto familiar

Un saludo cordial a todos,

Salvador Carrasco Artiaga

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