Pautas conductuales en la familia. El cambio es posible.

La psicología, quiero recordar, es la ciencia que estudia el comportamiento, y este estudio es aplicable prácticamente a cada contexto que podamos imaginar, bien uno consigo mismo, con los amigos, la pareja, el trabajo, los desconocidos… y por supuesto y muy importante, en el contexto familiar. Siendo en éste último donde nos vamos a centrar en el post de hoy.

Índice:

1. Explicación del modelo.
2. ¿De quién debe partir el cambio?
3. Medidas a tener en cuenta.
4. Evaluación de las consecuencias y feedback.
5. Conclusiones.

1. Explicación del modelo.

Me gustaría, querido lector, que pensara en una familia como en un sistema, bien podríamos hacerlo comparativamente como el sistema solar. Sin meterme mucho en física, en él hay un punto central donde orbitan los otros planetas, y a su vez, dichos planetas tienen en su propia órbita diferentes satélites. Existe un equilibrio, y este se obtiene de la suma de interacción de todos, teniendo en cuenta que a mayor  masa, (para el ejemplo hablaremos de peso), y cercanía, mayor la influencia que ejerce sobre los demás.

Fácilmente usted podrá identificar su caso, o aquel que desee analizar. Piense en una familia clásica (patriarcado), el sol sería el padre, éste ejerce una gran influencia sobre el resto de la familia, siendo la tierra la madre, núcleo de la vida familiar, y los niños los satélites, ejerciendo una gran influencia recíproca entre los niños y la madre. Todo esto se podía complejizar, familias modernas como sistemas con dos soles, siendo los planetas los hijos, y si estos ya tienen pareja pues sus parejas los satélites etc. Espero que ya esté puesto en situación.

Este modelo, así contado puede parecer un tanto rígido, y así suele ser en gran parte de las familias, estas parecen cambiar y evolucionar a escalas planetarias, donde solo ocurre algún cambio significativo cuando se da de forma drástica, no siendo adaptativas para los ritmos de vida actuales. Pero la realidad es que en cualquier momento, en cualquier familia, el peso de uno de sus componentes puede cambiar rápidamente,  (pensemos en la enfermedad de uno de sus miembros), así como la distancia, (pensemos por ejemplo en una separación). Y aunque haya elegido un par de ejemplos «negativos», es para que quede claro el ejemplo, bien podrían haber sido la mejora en el puesto laboral de uno de los conyugues, así como una emancipación de uno de los hijos.

Una vez llegados a este punto, parece que cuando todo marcha bien, no hay por qué modificar el sistema, o al menos de forma significativa, pero ¿qué pasa si el mismo es disfuncional o está causando mal a sus integrantes? La experiencia en consulta es que los clientes, creen que es imposible que cambie el sistema, no se ven con fuerza ni peso para ejercer influencia, y sólamente muestran estas dos alternativas como norma: bien seguir la corriente porque el cambio no es posible; o bien alejarse del sistema.

Concluyamos este punto pensando que el cambio es posible. Y no solo de forma drástica, sino de una forma gradual con pequeños cambios.

2. ¿De quién debe partir el cambio?

El cambio siempre ha de partir de uno mismo, y es un error típico y reiterativo pensar que el cambio ha de partir de la otra persona. Pensemos que igual la otra persona está contenta de cómo funciona para sí mismo el sistema y a la par no tiene intención de salir de su zona de confort. La frase «es que si tal no hace nunca nada por cambiar y acercarse/arreglar las cosas porqué siempre me tengo que acercar yo»… es muy corriente entre mis clientes, a lo que les suelo comentar que si tu deseas un cambio, debes de pasar a una actitud activa para el cambio y para buscar aquello que deseas, esperar de forma pasiva que alguien cambie, sin valorar si quiera si a esa/s persona/s le interesa el cambio, no hará ningún efecto positivo sobre la consecución de tus objetivos, si acaso un efecto contrario. Eres TÚ el agente de cambio.

3. Medidas a tener en cuenta.

Antes de empezar a modificar tu conducta, y que esta tenga eco en el sistema, debe de tener en cuenta ciertas premisas:

  • Ha de ser uno consciente de que siempre que uno cambia, todo a su alrededor cambia en mayor o menor medida.
  • No ha de centrarse nunca en que el cambio no es posible.
  • Es deseable valorar las diferentes alternativas y poder prever las consecuencias.
  • Hay que tener una estrategia a seguir firme a corto plazo y ser flexible con ella a medio y largo plazo.
  • Entender que no todo puede salir como uno espera.
  • Y muy importante, tener constancia, estos cambios no son rápidos, y es aconsejable hacerlos gradualmente para que el sistema no se haga inestable, y lo acoja como una normalidad más no impuesta. No desesperar si no conseguimos el objetivo deseado a corto plazo.

Hay tantas medidas como uno pueda imaginar, pero si solo nos centramos en todas las medidas y posibilidades, podemos caer en la tentación de nunca pasar a la acción. Sea prudente, pero no se duerma, coja las riendas y actúe. Para la estrategia le recomendamos que revise cuanto menos: «Coaching aplicado a la resolución de problemas-obtención de resultados. Inicios.«. También como siempre tenga en cuenta «La importancia de entender la tendencia en Psicología (I).«

4. Evaluación de las consecuencias y feedback.

Siempre que empiece un proceso de cambio tenga en cuenta que las consecuencias finales no tienen porqué parecerse a las iniciales. Las personas solemos ser reacias al cambio, y ponemos resistencia, básicamente tendemos a pensar que el cambio nos puede reportar consecuencias negativas o perder los derechos que ya teníamos adquiridos, el cambio en ocasiones implica salir de nuestra zona de confort, y esto no suele gustar. No obstante cuando el proceso avanza es cuando se pueden empezar a ver los resultados, y evaluar si estos son los esperados, mejores o peores, siendo en este punto a medio plazo, donde poder reconceptualizar la estrategia, para cambiarla en tanto en cuanto fuera necesario. Si las consecuencias son las deseadas, pensemos en estrategias de continuidad y conseguir que estas se hagan norma, pasando a la zona de confort de todos los individuos. Permítase un feedback propio en el cual sentirse excelente por todo el trabajo realizado y el cambio alcanzado.

5. Conclusiones.

En este caso hemos hablado de la familia como un sistema, y este aunque parezca rígido es susceptible al cambio. Este cambio ha de partir del propio sujeto que lo desea, es decir, de usted. Siempre ha de tener en cuenta ciertas premisas de forma clara en las que apoyarse para hacer el cambio posible: creer en el cambio; tener una estrategia; ser constante; entender que no todo puede salir como uno desea, ya que podemos encontrar respuestas por partes de algún miembro del sistema que no esperábamos; momento de evaluar y reconceptualizar si fuera necesario.

Con todo esto hay que decir que el cambio es posible y es una realidad en el momento que el sujeto toma una forma de afrontarlo activa y continua. Y como final reflexivo, éste modelo de sistemas, ¿podría ser aplicado en otros contextos, por ejemplo en el laboral?

Versión para descargar en .pdf Pautas conductuales en la familia. El cambio es posible.

Un cordial saludo a todos,

Salvador Carrasco Artiaga

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